Llegué en la madrugada a Cochabamba, buscaba un hostal que
encontré minutos antes en la guía de viaje “South American Handbook 2014” que
llevé, buscaba el “Res Familiar Sabaya” ubicado en la 25 de mayo entre Ecuador
y Colombia. El hogar me perseguía. Estaba algo perdido en un paisaje desolado y
oscuro. El letrero del Sabaya parecía el de un centro de salud. Dudé, pero a
las tres de la mañana poco me quedaba de melindroso.
Primer día de reconocimiento hacia la Plaza 14 de Septiembre
(también Plaza Familiar) ahí se puede encontrar casas de cambio, bancos, varias
cafeterías; mi preferida tiene un estilo antiguo y está detrás de la hermosa
Catedral Metropolitana de San Sebastián. Ese día soleado pasaba de todo, habían
protestas de un grupo indígena que se tomó una de las calles centrales, al
mismo tiempo algunos desinteresados alimentaban a las tantas palomas que se agolpaban
cerca de la fuente. Ahí estaba yo, sentado entre grandes árboles, (uno con un
interruptor, sabe Dios qué prendía) con una buena sombra leyendo la prensa
local, escogí el diario “Opinión”, que me sirvió para ahuyentar un par de
palomas curiosas.
Visité el mercado “La Cancha” para abastecerme, y conocer la
oferta alimenticia y cultural del lugar. Generalmente los hostales tienen una
cocina para los turistas, así se puede ahorrar unos cuántos pesos mientras
viajas. Una señora vendedora de emolientes, por alguna razón errónea, me
preparó una bebida para curar mi homosexualidad. La tomé, supongo que ahora soy
más hetero que antes. Compré mora, avena, y guineo para el desayuno. Pero el
sabor de la mora no es mismo del Ecuador, por lo que no recomiendo el batido de
mora. Ya eran las doce y me dispuse a comer un almuerzo. La cantidad de puestos
de comida en el mercado son tantos que las señoras vendedoras se disputan a los comensales. Yo llegué con mi look
extranjero 2015 y claro que se dieron cuenta. No pasó ni un minuto que salieron las señoras a
jalonearme, fue un capítulo de Walking Dead, Resident Evil, el Papa de gira,
todo junto, escogí a la señora que no me jaloneaba, le di mi mano y me salvó de
los “zombies”. (Mientras tú me ignoras, las señoras del mercado me ofrecen hasta
el postre) Mi delicioso cerebro comía tranquilo un “Trancapecho” que es carne
con papa, huevo, arroz, ensalada, todo eso metido en un pan. Un Sillpancho
metido en pan. Se come bien en los mercados, no lo dudes, no me enfermé nunca. A
esas “Seños” siempre las extrañaré.
Mi fama de mercado terminó, así como el día. La tristeza me
llevó a buscar un bar a la vuelta de mi hostal. Un cartel decía Tequila 5x1. Entré
en el “Vintrash”, me senté en la barra donde conocí a los anfitriones; Junior y
Carlos. Cinco tequilas y conversábamos sobre lo que hay que ver, comer y hacer.
Junior me explicaba que los martes son de Parlana. Un evento organizado por un
italiano viajero que convoca en un sitio aleatorio a nacionales y extranjeros
con el objetivo de conocer personas nuevas que quieren intercambiar lenguaje
(Sí, eso se puede descontrolar). Cada persona se pone un sello de su país en el
pecho, si quieres conversar o aprender, qué se yo… francés, te acercas a una
persona con ese sello. Las reuniones son todo lo que te estás imaginando.
Conocí al organizador con el que intenté conversar, pero fue imposible, le
estaban metiendo mucho trago con un embudo. ¿Cómo no hablar en lenguas?
El Vintrash es un bar con historia. El lugar ha acogido
varios Djs y artistas, pero el dueño decidió abrir un segundo local en una zona
más “caché”. El segundo Vintrash es más electrónico. Y la diferencia con el
primero es que no es tanto una “cantina” sino más bien una pista de baile,
perfecta para el “after”. Gracias a Junior y Carlos me dejaban entrar gratis.
Ahí intenté disputarme los amores de una bella boliviana que era custodiada por
su novio de cinco metros de Sudáfrica. En cambio conocí a una chilena con la
que bailaba rodeado de las doce personas que asistieron ese día al lugar, y a
manera de ronda de jardín de niños saltaban, festejaban (ebrios), y cantaban
“…ven y dime todas esas cosas…”. Todos dados de la mano. El sudafricano también
saltaba con ellos.
![]() |
| Junior y Carlos |








































