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domingo, 9 de abril de 2017

Cochabamba, el corazón de Bolivia.

Llegué en la madrugada a Cochabamba, buscaba un hostal que encontré minutos antes en la guía de viaje “South American Handbook 2014” que llevé, buscaba el “Res Familiar Sabaya” ubicado en la 25 de mayo entre Ecuador y Colombia. El hogar me perseguía. Estaba algo perdido en un paisaje desolado y oscuro. El letrero del Sabaya parecía el de un centro de salud. Dudé, pero a las tres de la mañana poco me quedaba de melindroso.

Primer día de reconocimiento hacia la Plaza 14 de Septiembre (también Plaza Familiar) ahí se puede encontrar casas de cambio, bancos, varias cafeterías; mi preferida tiene un estilo antiguo y está detrás de la hermosa Catedral Metropolitana de San Sebastián. Ese día soleado pasaba de todo, habían protestas de un grupo indígena que se tomó una de las calles centrales, al mismo tiempo algunos desinteresados alimentaban a las tantas palomas que se agolpaban cerca de la fuente. Ahí estaba yo, sentado entre grandes árboles, (uno con un interruptor, sabe Dios qué prendía) con una buena sombra leyendo la prensa local, escogí el diario “Opinión”, que me sirvió para ahuyentar un par de palomas curiosas.














































































































































Visité el mercado “La Cancha” para abastecerme, y conocer la oferta alimenticia y cultural del lugar. Generalmente los hostales tienen una cocina para los turistas, así se puede ahorrar unos cuántos pesos mientras viajas. Una señora vendedora de emolientes, por alguna razón errónea, me preparó una bebida para curar mi homosexualidad. La tomé, supongo que ahora soy más hetero que antes. Compré mora, avena, y guineo para el desayuno. Pero el sabor de la mora no es mismo del Ecuador, por lo que no recomiendo el batido de mora. Ya eran las doce y me dispuse a comer un almuerzo. La cantidad de puestos de comida en el mercado son tantos que las señoras vendedoras se disputan  a los comensales. Yo llegué con mi look extranjero 2015 y claro que se dieron cuenta. No pasó ni  un minuto que salieron las señoras a jalonearme, fue un capítulo de Walking Dead, Resident Evil, el Papa de gira, todo junto, escogí a la señora que no me jaloneaba, le di mi mano y me salvó de los “zombies”. (Mientras tú me ignoras, las señoras del mercado me ofrecen hasta el postre) Mi delicioso cerebro comía tranquilo un “Trancapecho” que es carne con papa, huevo, arroz, ensalada, todo eso metido en un pan. Un Sillpancho metido en pan. Se come bien en los mercados, no lo dudes, no me enfermé nunca. A esas “Seños” siempre las extrañaré.


































Mi fama de mercado terminó, así como el día. La tristeza me llevó a buscar un bar a la vuelta de mi hostal. Un cartel decía Tequila 5x1. Entré en el “Vintrash”, me senté en la barra donde conocí a los anfitriones; Junior y Carlos. Cinco tequilas y conversábamos sobre lo que hay que ver, comer y hacer. Junior me explicaba que los martes son de Parlana. Un evento organizado por un italiano viajero que convoca en un sitio aleatorio a nacionales y extranjeros con el objetivo de conocer personas nuevas que quieren intercambiar lenguaje (Sí, eso se puede descontrolar). Cada persona se pone un sello de su país en el pecho, si quieres conversar o aprender, qué se yo… francés, te acercas a una persona con ese sello. Las reuniones son todo lo que te estás imaginando. Conocí al organizador con el que intenté conversar, pero fue imposible, le estaban metiendo mucho trago con un embudo. ¿Cómo no hablar en lenguas?              

El Vintrash es un bar con historia. El lugar ha acogido varios Djs y artistas, pero el dueño decidió abrir un segundo local en una zona más “caché”. El segundo Vintrash es más electrónico. Y la diferencia con el primero es que no es tanto una “cantina” sino más bien una pista de baile, perfecta para el “after”. Gracias a Junior y Carlos me dejaban entrar gratis. Ahí intenté disputarme los amores de una bella boliviana que era custodiada por su novio de cinco metros de Sudáfrica. En cambio conocí a una chilena con la que bailaba rodeado de las doce personas que asistieron ese día al lugar, y a manera de ronda de jardín de niños saltaban, festejaban (ebrios), y cantaban “…ven y dime todas esas cosas…”. Todos dados de la mano. El sudafricano también saltaba con ellos.

Junior y Carlos












Al día siguiente se celebraba “El Día Nacional del Peatón”. Todo el país se une a esta iniciativa que sucede el primer domingo de septiembre. Como el nombre lo indica, la gente camina y usa medios de transporte amigables con el ambiente. Cochabamba es considerada una de las ciudades con el aire más contaminado de Sudamérica, y por esta razón se creó este día. Caminé con una resaca digna de purgatorio con un sol de mediodía hasta mi hostal. Las calles estaban repletas de gente, niños alegres corriendo y gritando, ciclistas, vendedores ambulantes, puestos de comida tradicional, música, baile; pura vida. Maldito día sin autos. Me encontré con mi amigo Junior, y compré una funda de “pipocas” (canguil) y agua para sobrevivir el día.




En Cochabamba pude visitar dos palacios. El Palacio Portales es una mansión ubicada al norte de la ciudad que se terminó de construir en 1927 y que su dueño, el empresario minero Simón Iturri Patiño “el Barón del Estaño” nunca habitó. El palacio está diseñado por el arquitecto francés Eugène Bliault, tiene mármol de Carrara, madera francesa, tapices italianos, delicadas sedas, etc. La construcción imita (se inspira) la Alhambra de Granada, el palacio de Versailles y el Vaticano. En cualquier momento podía aparecer el gran Gatsby, pero en vez de él se presentó un señor entrado en años con apariencia de gringo, de aspecto distinguido, cabello largo y blanco, alto y de complexión delgada. No nos presentamos, éramos parte del mismo tour del palacio. Conversamos sobre arte, arquitectura y demás. Descubrí que no era gringo, y que parecía argentino. Ese mismo día, en los jardines del lugar sucedía un festival internacional de teatro, al cual logramos colarnos desde el palacio para obtener los mejores puestos.




El misterioso personaje no era gringo, ni argentino. Su nombre es Ruy Kostritsky de Perú y es ampliamente conocido por su actividad en las apuestas futbolísticas.  Tienes tres opciones para apostar; a uno de los dos equipos o un empate, Ruy siempre se queda con las dos opciones restantes. “El Choco” como se lo conoce, lleva una cartilla donde anota las apuestas, al parecer suele visitar ciertos bares de hoteles para concretar las apuestas. En el estadio lleva un tablero registrando los “tratos”. Ruy me decía, mientras comíamos un almuerzo sencillo, que una vez un director técnico famoso lo llamó de entre las gradas para conversar con él y decirle lo impresionado que estaba con su sistema. Ruy es una persona amistosa de “sangre liviana”, muy culta, se describe como un autodidacta. Lo último que hicimos fue comer un Sillpancho y nos despedimos.  


Ruy

El segundo palacio que visité fue el del Sillpancho. Le pregunté a la gente de Cochabamba la comida que no podía perderme y me mencionaron este sitio propiedad de María Serrudo y Jaime Cervantes (53 años). Cuando les pregunté algunos datos se presentaron recelosos, algo raro para ser la capital gastronómica de Bolivia y un sitio tan reconocido. El Palacio del Sillpancho tiene tres premios internacionales de calidad, uno de Argentina, Chile y Costa Rica. El Sillpancho lo creó la señora Celia La Fuente Peredo y aun hoy lleva la misma receta que apareció en los cuarenta. Arroz, papa, una delgada y circular carne de res, huevo, y ensalada de cebolla y tomate.

* “El Palacio del Sillpancho” está ubicado en la calle Batista 434 entre Mayor Rocha y México.

* La sillpanchería de la legendaria “Doña Celia” en Ecuador 610 y Lanza.



































Cochabamba tiene muchas cosas que un turista debe descubrir por su cuenta. Un buen inicio es pasear por sus calles moradas llenas de buganvillas enormes, fumando Kúyuna(tabaco que consumen los cargadores). Disfrutar de un “almuerzo de albañil” (pan, gaseosa Papaya Salvietti, guineo), o quizás una “oreja de gato en alambre de bicicleta” como se bromea del Anticucho (corazón de res cortado en trozos en un pincho, papas cocidas y aderezos).  Con estómago lleno encontrarse con el Vintrash y con suerte conocer a Junior y Carlos, a Leticia (Tisha) y Michelle, a Ruy, Ivanna, Daniela, y a tanta gente maravillosa. Este post es para ustedes amigos, gracias por todo. Ya nos volveremos a ver. Próxima parada Chile.









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