** El Joven Dario: Clásicos **

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lunes, 3 de marzo de 2008

Se echó a perder

(Foto/Ilustración: Darío Orellana)



Quién puede negar la simple belleza multicolor de “Redemption Song” de Bob Marley; o la eterna energía contenida en los finos riffs de Sister Bliss en “Insomnia” de Faithless. Quién no siente el ruego profundo en la Bono vox en “One” de U2 que empieza en el minuto 2:35 pero no es hasta el minuto 2:51 al 2:56 que llega a su momento de mayor felling, 5 segundos de profunda pasión. Y no se diga de la emoción colectiva producida por un “I said maybe you´re gonna be the one that saves me…” cantada por Liam Gallager (Oasis) en “Wonderwall”. Oasis no hubiera existido de no ser por The Beatles que con canciones como “Strawberry Fields” fueron capaces de mostrarnos lo que es inspiración.

Tantas canciones intocables, magníficas, inmortales que nos hacen sentir cosquillas en el estómago apenas las escuchamos.

Es entonces que en un día cualquiera de ocio y televisión, acostado, alcanzo a escuchar el principio de una buena canción lo que me hizo alegrarme al instante, pero seguido de la primera nota empezó un tipo ha hablar sobre un shampoo “X”, bla bla bla y la canción se fue a la *$%&/. Porque cada vez que escuche “Mr. Brightside” de The Killers, una hermosa canción, voy a recordar el shampoo “X”. Y automáticamente la canción perdió su “glamour”, el “chiste” o el efecto de cosquillas en el estómago. Y es que no es la primera canción que la empresa shampusística hace pedazos, otro shampoo “X” fregó también la canción “Look what you´ve done” de JET.

Probablemente trabaje un día en publicidad y sé qué es lo que no voy a hacer. Imagínense que en los siguientes días veas en tu televisor una propaganda de Shampoo “X” con el fondo musical de “Hey you” de Pink Floyd. Creo que las protestas no se harían esperar en contra de la empresa dueña del producto pero no sucederán eventos de anarquía total, lo que va a pasar es que vamos a odiar esa canción lo que es injusto porque creo que no hay cómo evitar que esas empresas publicitarias y sus estrategias sigan echando a perder la música que escuchamos. Solo queda apagar para siempre nuestra tv y la radio lo que es imposible.