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jueves, 24 de agosto de 2023

Ensayo Sobre la Besadera

 



















La atención en la película se perdía en media proyección. Había otra en el sofá. Las señales eran delicadas debajo de la cobija. Un movimiento sutil para sentarse mejor era una excusa para acercarse. El calor de los brazos juntos parecía tener mente propia. Los ojos estaban fijos en la pantalla pero las imágenes mentales no correspondían a lo que veían. Una pierna derecha desconocida se juntaba a una izquierda. La comedia que se vivía debajo de la cobija era tan fuerte como el latido de esos corazones embusteros. Nada de eso era nuevo para los dos, aun así los latidos eran poderosos, como si fuera una primera vez.

La comedia se terminaba al mismo tiempo en el que una mano atrevida le recorre delicada el hombro izquierdo, no tarda en moverse la mano derecha por su abdomen resultando en un abrazo algo ligero algo intenso. Los latidos parecen sonar más fuerte, casi imposibles de ocultar. La mano izquierda descubre su oasis en el cuello y se desliza por el pecho parcialmente cubierto dejando ver un escote profundo, la mano derecha dejó el abdomen para empezar a subir por sus pechos. Se mueve lento como si no quisiera que termine de subir. Imaginó mucho ese momento. Traga saliva. Sus manos apretaban sus pechos suavemente, buscando sus pezones. La respiración es acelerada, la piel suda levemente. La comedia ya terminó.

Los labios se mueven por su cuello, explorándola. Al mismo tiempo, su nariz, se embriaga de su aroma, y sus ojos ya están presos en sus voluptuosos pechos. El sudor empieza a mezclarse con la saliva. Sus manos se abren camino debajo de su blusa, para pellizcar sus pezones. Gemidos. Hay otra búsqueda debajo de su falda, entre sus medias y su lencería negra. Sus piernas se abren, dos dedos se mojan y se mojan otra vez en sus labios. El preámbulo de un beso de película, en blanco y negro como en Casablanca de Michael, y después a colores como en Love de Gaspar.

Tu saliva fue bebida como si se derramara de un cáliz, mis labios están pintados con el sabor de tu sexo, mi lengua se perdió en las profundidades de tu garganta. El sexo solo es sucio cuando se hace bien.

Es hora de irse. La película terminó hace un rato. Esta casualidad se enfrenta al momento final en un portal. Los amantes se despiden. Entonces el beso ahora es torpe, perdió el rumbo, ya no sabe el camino, tropieza en un beso pequeño, tibio, duro, tieso, muere en la comisura de sus labios, o en una mejilla. Incómodo. ¿Algo que no debía pasar? Malestar. Un final insípido, como Murakami en 1Q84. ¿Hay cura para los besos incómodos del final? Sí, pero piensas demasiado.

1 comentario:

Honduras dijo...

Thanks for being a constant source of motivation, encouraging growth and exploration.

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